II Encuentro Sociológico Internacional
Grupo de Investigación de Sociología de las Emociones, los Cuerpos y las Sensibilidades
Universidad de Alicante · 2026
Consultar Programa
Universidad de Alicante · 2026
Consultar Programa
La primera Modernidad, iniciada en el siglo XIX a raíz de la Revolución Industrial y conducida, al menos, hasta mayo de 1968 con los cambios ideológicos y de estilo de vida que este movimiento social generó, entronizó el concepto de progreso como el factor decisivo del desarrollo social y cultural. Pero este término supuso un olvido del pasado en aras de un presente proyectado hacia la construcción del futuro. Así, el cambio avanzaba más rápidamente que nunca, a costa de la destrucción de muchos valores y estilos de vida tradicionales, de las materias primas y del mismo planeta y, sobre todo, del propio futuro, deteriorado por los riesgos y las consecuencias imprevisibles y no esperadas de la arrolladora, vertiginosa y no siempre reflexiva acción humana (U. Beck, A. Giddens).
La segunda Modernidad, que va desde la crisis del petróleo de 1973 hasta la actualidad (D. Bell), con su sucesión de crisis económicas, políticas, sociales, culturales, ecológicas, militares, religiosas…, aunque revisita el pasado, lo hace fragmentariamente y a modo de cita, desconectada del hilo narrativo de la Historia. Al mismo tiempo, el futuro queda ensombrecido por la incertidumbre, un estado de ánimo, una sensación difusa pero no placentera, que no permite alumbrar con nitidez ni las alternativas ni nuevas utopías sociales y políticas. Así, la memoria social de la que habló M. Halbwachs y la esperanza recuperada por E. Bloch entre 1938 y 1947 quedaron desprovistas de sentido social, de modo que el presente, sin la una y la otra, quedó achicado y concentrado únicamente en el instante. De esta manera, tal y como sucede en el reloj digital en el que los segundos se suceden aceleradamente, sin saber de dónde vienen y hacia dónde van, la sociedad nacional y planetaria ha perdido su origen y su destino.
Y es que la transformación que va de la primera a la segunda Modernidad ha sido producida, fundamentalmente, por dos procesos:
Tras la Segunda Guerra Mundial y la debacle de Alemania, gran perdedora de la contienda, Adorno, Benjamin y Horkheimer intentaron revitalizar una nación y una cultura totalmente desesperanzada y devastada buscando recuperar, críticamente, la potente cultura germana. Adorno, particularmente, consiguió llegar a las elites intelectuales del país y ofrecerles, pese a todo, un tono de esperanza en el futuro. Lo hizo, pues, revisitando críticamente el pasado e intensificando, así, un presente demolido, cuya energía revalorizada pudo pensar y sentir el futuro (A. Wellmer).
En línea con la Teoría Crítica y con la Sociología de las Emociones, el presente II Encuentro Sociológico Internacional. Pensar y sentir el futuro: de la memoria a la esperanza pretende analizar, reflexionar y efectuar posibles prospectivas a través de los importantes retos que tienen actualmente las sociedades contemporáneas del mundo. Entre estos retos, destacan, sobre manera, el calentamiento global del planeta (las sequías, las inundaciones, la extinción de especies, la desertificación, los incendios forestales, el derretimiento de los polos, la subida del nivel del mar…); el mantenimiento y surgimiento de nuevos conflictos bélicos (en África, en Palestina, en Ucrania…; la crisis de las democracias representativas y la creación y consolidación de nuevos y viejos populismos de carácter autoritario; el mantenimiento y aumento, en ciertas zonas, de las desigualdades sociales, económicas, políticas, culturales, digitales; los movimientos y desplazamientos masivos de población (de carácter económico, bélico o ecológico) con el cuestionamiento del derecho nacional; el avance de la globalización, sin que exista realmente una gobernanza y una ciudadanía global; una nueva configuración de la geopolítica y, especialmente, de las nuevas potencias económicas y militares (USA, China, India, Rusia…) que han roto el equilibrio conseguido tras la 2ª Guerra Mundial; la instauración de un mundo cada vez más multicultural con fuertes resistencias nacionales y nacionalistas; el incierto papel de las artes y la literatura en un mundo de desarrollo tan rápido; la expansión de los movimientos terroristas hacia objetivos internacionales; la ampliación del contraste entre las macrourbes, densamente pobladas y concentradas, y los territorios rurales vaciados; la expansión de las redes sociales que permiten una mejora de la comunicación, pero también un enturbiamiento de la misma con el surgimiento de rumores falsos, de mentiras y de fake news; las guerras culturales y religiosas; la naciente Inteligencia Artificial, con sus evidentes posibilidades de mejora social, pero también con sus destacados riesgos…
Todos estos análisis, lógicamente revestirán un aspecto racional y sereno, pero también emocional y tal vez apasionado, en tanto que todas estas transformaciones que apuntan hacia un futuro, cuanto menos agitado y turbulento, están arropadas de antiguos y nuevos afectos y sentimientos. Desde luego, están las emociones negativas como el miedo (H. Bude, J. Delumeau, P. Virilio, Z. Bauman, N. Elias…), tan característicamente humano y particularmente en las sociedades más avanzadas y urbanas, y sus hermanos la angustia y el terror; la desesperación, la rabia, la ira, la impotencia; la nostalgia y la melancolía (R. Bartra); el duelo (S. Freud)…También brotan las emociones positivas: la alegría por seguir vivos a pesar de todo, el anhelo de felicidad, la solidaridad, la empatía, el amor (E. Illouz) y, desde luego, la esperanza, que, desde el mito de Pandora de Hesíodo, siempre ha estado ahí como un bien disponible para la humanidad. Asimismo, se encuentran como recursos disponibles nuestros recuerdos, vivencias, experiencias pasadas y la memoria colectiva, con sus valores, tradiciones, festejos y rituales que nos indican que no estamos solos, que somos hijos y nietos del amor de nuestros ancestros. Ellos también lucharon, se desesperaron y tuvieron esperanza y nos han dejado un mundo como el de hoy, ciertamente convulso, pero probablemente no tan malo y tan lleno de avatares como el que ellos vivieron. Finalmente, el encuentro reflexionará acerca de la posibilidad de que los jóvenes actuales creen un mundo alternativo, para que dejen en herencia a sus hijos y nietos una sociedad todavía mejor que la que ellos recibieron.
En definitiva, el encuentro piensa y siente el futuro, pero teniendo en cuenta el hilo narrativo de la sociedad que, partiendo de una memoria crítica, intensifica un presente más ilusionado y energético que sueña activamente con un futuro próspero (Byung-Chul Han).